sábado, 19 de septiembre de 2009

Frio y lluvia

Aquí también hace frio. Y llovizna. Hace un rato, paseaba por las oscuras pero animadas calles de Ourense. Y me sentí en paz. Me sentí en paz con el mundo, y en paz conmigo misma. Porque paseaba por esas calles, con la chaqueta puesta y bajo la llovizna, al lado de mis amigos, y pensaba en cuando tenía 17 años y paseaba con la chaqueta puesta y con los mismos amigos.

Y me acordé de aquellas veces que, con 16 años salía con mis amigas,vestidas a la par que desnudas y llenas de emoción e ilusiones. Ninguna noche acababa mal, porque salir ya era un triunfo. Y llovía, pero nos daba igual, porque estábamos siempre fabulosas, porque salíamos a bailar, porque eramos las reinas de la noche. Y hacía frío, pero lo pasábamos tan bien que no importaba

Durante un tiempo, noches de llovizna y frío como hoy me asustaban. Me acobardaba dentro de casa, pensando que la persona que salía de casa a los 16 no era la misma que la que saldría esa noche.

Pero hoy, me sentí volver a los orígenes. La chica que sale hoy no tiene 16 años, pero es la misma persona. Tiene ilusiones, tiene esperanzas, se siente sola, pero se siente libre y feliz. Se siente muy ella. Y aunque vengan desgracias, que vendrán, y aunque vengan tristezas, que vendrán, puedo agarrarme a un dato: "ya nunca más me darán miedo las noches de frio y lluvia"

lunes, 14 de septiembre de 2009

Click

El escenario es el mismo. Un paraje amplio y desangelado. Edificios naranjas, césped verde y cuidado, una fuente que inspira tranquilidad. Hierro. Ladrillo. Piedra. Viejo y joven

Los actores son los mismos. El alegre, el piadoso, el chico y la chica, el evanescente, los del equipo de fútbol, las del equipo de animadoras.

Las trazas generales del guión son las mismas. Novelas, ensayos, cuentos, textos y poesía nos unen en una palabra. Bibliotecas, sudores y lágrimas nos siguen hermanando.

Pero un día, algo hizo click. Y se desencajó. Desde ese click, todo se tiñe de rojo, y la sangre que intento frenar con ambas manos corre por la fuente, y aunque la achique mancha la alegría, despierta compasión y atrae a los huidizos. Y todos mis libros ya no estarán subrayados en gris. Persigo el caudal y cae en el mismo sitio de siempre, al lado de ese edificio al que, hace tres años, llegué cinco minutos tarde y pensé, ingenuamente, que era lo peor que me podría pasar un primer día de clase.